Neumonía es el nombre que se da a la infección de uno o ambos
pulmones. Para ser más exactos, la neumonía es la infección del tejido
pulmonar y sus alveolos.
Neumonía es una infección no contagiosa generalmente causada por bacterias, pero también puede ser causada por virus u hongos.
¿QUÉ SON LOS ALVEOLOS?
Para entender lo que es la neumonía es necesario antes conocer un poco la anatomía del pulmón.
Le
el texto y acompaña la figura a continuación para entender mejor las
explicaciones. El aire que respiramos entra por la nariz y/o boca y va a
la tráquea. La tráquea, al llegar al nivel de los pulmones, se bifurca,
formando los bronquios principales, uno para el lado izquierdo, otro
para el derecho; estos bronquios también se bifurcan, formando los
bronquíolos que, por fin, acaban en los alveolos. Cada vez que ocurre
una bifurcación, las estructuras van volviéndose progresivamente más
pequeñas.
Los
alveolos, que se ubican en el punto final del árbol respiratorio, son
bolsas microscópicas que están en contacto con la corriente sanguínea. A
través de ellos se hacen los intercambios de los gases respirados
(oxígeno y gas carbónico). El alveolo entrega el oxígeno respirado a los
eritrocitos (glóbulos rojos) en la sangre y recibe de ellos el gas
carbónico producido por las células del cuerpo.
Por lo tanto, como todos
saben, inspiramos oxígeno y expiramos gas carbónico.
Cada uno de
los pulmones contiene millones de alveolos. Si tomamos cada uno de los
alveolos y estiramos lado a lado, el área cubierta sería alrededor de
unos 75 metros cuadrados.
En la neumonía, los alveolos se llenan
de secreciones purulentas, impidiendo la entrada y salida de los gases.
En estos alveolos acometidos por la infección no hay intercambio de
oxígeno por gas carbónico. Cuántos más alveolos son acometidos por la
neumonía, más grave es el cuadro. El paciente con neumonía extensa puede
presentar insuficiencia respiratoria, necesitando ser intubado y
acoplado a un respirador artificial para conseguir mantener la sangre
adecuadamente oxigenada.
¿COMO SI CONTRAE LA NEUMONÍA?
La neumonía puede ser causada, en orden decreciente de frecuencia, por: bacterias, virus, hongos y parásitos.
La
mayoría de las neumonías es de origen bacteriano. Las bacterias que más
habitualmente provocan neumonía son: Streptococcus pneumoniae,
Pseudomonas aeruginosa, Klebsiella pneumoniae, Haemophilus influenzae,
Moraxella catarrhalis y Staphylococcus aureus.
De hecho, “contraer
pulmonía” no es el término más apropiado, ya que esta expresión pasa la
idea de transmisión de la enfermedad entre individuos. En la mayoría de
los casos, la neumonía no es una enfermedad contagiosa, como la gripe o
la tuberculosis (que inclusive puede ser considerada un tipo de
neumonía). Puedes tener contacto con un paciente con neumonía, que,
salvo en situaciones especiales, no habrá ningún riesgo de
contaminación.
¿Cómo surge la neumonía? Nuestros pulmones son
órganos expuestos constantemente a microbios del aire y de nuestra
propia flora bacteriana de la boca. No nos quedamos enfermos todo el
tiempo porque el pulmón tiene sus propios mecanismos de defensa que lo
mantiene libre de gérmenes. Entre estos mecanismos podemos mencionar el
reflejo de la tos, la presencia de células inmunes a lo largo de las
vías respiratorias y la existencia de los cilios microscópicos en el
árbol bronquial que “barren” los agentes invasores de las vías
respiratorias
El desarrollo de la neumonía depende de la
virulencia del atacante, del número de microbios que pueden llegar a los
pulmones y de las condiciones inmunológicas. En general, la neumonía se
presenta cuando un germen agresivo consigue penetrar en las vías
respiratorias y el sistema de defensa está comprometido.
Algunas
situaciones rutinarias pueden reducir las defensas del sistema
respiratorio. Por ejemplo: pacientes que fuman presentan una irritación
constante de todo el árbol bronquial y disfunción de los cilios
protectores. Las células de defensa pulmonar también son afectadas por
el cigarrillo y no funcionan tan bien. Todo eso favorece la aparición de
infecciones respiratorias. Otro ejemplo son los pacientes con gripe. La
lesión que el virus de la gripe provoca en el sistema respiratorio
también favorece la invasión de bacterias, que se aprovechan de la
reducción de la capacidad del paciente de combatir los gérmenes que
llegan a las partes más internas del sistema respiratorio. Personas
ancianas naturalmente tienen su sistema inmunológico más débil, lo que
las coloca bajo mayor riesgo de desarrollar neumonías. De igual manera,
personas ya debilitadas por otras enfermedades, como insuficiencia
cardíaca, alcoholismo o diabetes, también presentan mayores riesgos.
FACTORES DE RIESGO PARA NEUMONÍA
Los principales factores de riesgo para la neumonía son:
– Edad superior a 65 años.
– Infecciones respiratorias virales, como gripe.
– Tabaquismo.
– Enfermedades inmunosupresoras (VIH, trasplante, cáncer, etc.).
– DPOC (bronquitis crónica y enfisema pulmonar).
– Usuarios de drogas.
– Enfermos encamados.
– Personas con disminución del nivel de conciencia
– Hospitalizaciones prolongadas.
– Pacientes en ventilación mecánica (en uso de respirador artificial).
– Pacientes con otra enfermedad pulmonar previa (secuelas de tuberculosis, bronquiectasias, fibrosis quística, etc.).
– Infecciones respiratorias virales, como gripe.
– Tabaquismo.
– Enfermedades inmunosupresoras (VIH, trasplante, cáncer, etc.).
– DPOC (bronquitis crónica y enfisema pulmonar).
– Usuarios de drogas.
– Enfermos encamados.
– Personas con disminución del nivel de conciencia
– Hospitalizaciones prolongadas.
– Pacientes en ventilación mecánica (en uso de respirador artificial).
– Pacientes con otra enfermedad pulmonar previa (secuelas de tuberculosis, bronquiectasias, fibrosis quística, etc.).
Neumonía por aspiración
Un
tipo muy grave de neumonía es la neumonía por aspiración. Ocurre en
personas que vomitan e inmediatamente después aspiran su contenido. Es
un tipo de neumonía común en pacientes con nivel de conciencia reducido,
que pierden la capacidad de toser o de tragar la propia saliva,
haciendo que las secreciones de la cavidad oral accedan a las vías
respiratorias. La vía aérea de esta persona está expuesta a una cantidad
inmensa de microbios, mucho mayor que lo habitual, favoreciendo el
desarrollo de la neumonía. Un ejemplo común es alguien que bebió en
demasía y está en coma o pre-coma alcohólico.
SÍNTOMAS DE LA NEUMONÍA
Los
signos y síntomas de la neumonía incluyen tos con esputo, fiebre,
escalofríos, dificultad para respirar, dolor en el pecho cuando se
respira profundamente, vómitos, pérdida del apetito, postración y
dolores en el cuerpo. Puede haber presencia de sangre mezclada con
esputo. La fiebre de la neumonía generalmente es alta.
Es muy
común que la neumonía se presente como una complicación de la gripe.
Muchas veces el paciente termina atribuyendo los síntomas de la neumonía
a la gripe, tardando para buscar ayuda médica. Hay que poner atención a
los cuadros de gripe que no mejoran o inclusive empeoran gradualmente,
especialmente si el paciente es anciano.
Pacientes mayores de 60
años o con otras enfermedades, como insuficiencia renal, insuficiencia
cardíaca, cirrosis, VIH o uso de fármacos inmunosupresores, pueden
presentar una forma más discreta, con poca tos y sin fiebre. A veces, la
neumonía se presenta en este grupo solamente con postración y cambios
mentales como confusión y desorientación.
Una de las posibles
complicaciones de la neumonía es la formación de derrame pleural, lo que
contribuye a la aparición de la fatiga y dificultad para respirar.
En
una neumonía extensa, cuando gran parte del tejido pulmonar está
afectado, el paciente puede entrar en insuficiencia respiratoria que
requiere intubación orotraqueal, ventilación mecánica y hospitalización
en unidad de cuidados intensivos (UCI).
Tenemos un artículo exclusivo sobre los síntomas de la neumonía: SÍNTOMAS DE NEUMONÍA – Adultos, Niños y Ancianos.
Neumonías atípicas
Existe
un grupo de bacterias, entre ellas Mycoplasma, Legionella y Clamidia,
que causan las llamadas neumonías atípicas. Son formas que pueden tener
evolución más lenta y con cuadro no tan obvio de neumonía.
DIFERENCIAS ENTRE NEUMONÍA Y TUBERCULOSIS
Muchos
pacientes que presentan un cuadro de tos y esputo se asustan con la
posibilidad de tener tuberculosis. La diferencia está en el tiempo de
evolución de la enfermedad. La neumonía es un cuadro agudo que
evoluciona en horas. El paciente con poco tiempo de enfermedad se
encuentra en estado crítico, buscando atención médica ya en las primeras
72 horas de enfermedad. La tuberculosis se presenta como un cuadro más
arrastrado, con los síntomas empeorando gradualmente y el paciente
muchas veces solamente busca atención médica varias semanas tras el
inicio de los síntomas.
DIAGNÓSTICO DE LA NEUMONÍA
El
diagnóstico de neumonía se realiza con el examen físico y una
radiografía de tórax. Exámenes de sangre pueden ayudar, pero no son
esenciales. Un buen doctor es capaz de diagnosticar neumonía solamente
con la historia clínica y el examen físico.
La
radiografía es un examen barato y ampliamente disponible, normalmente
solicitado para la confirmación del diagnóstico. Los alveolos llenados
de secreciones aparecen como una mancha blanca en la radiografía de
tórax, como se aprecia en la foto al lado
El hemograma del
paciente con neumonía presenta una gran elevación del número de
leucocitos, típico de infecciones bacterianas
En
los pacientes más graves, que requieren hospitalización, generalmente
tratamos de identificar cuál es la bacteria responsable de la neumonía.
Podemos buscar las bacterias en la sangre (a través del cultivo de la
sangre) o en el propio esputo del paciente. En casos seleccionados puede
ser necesario hacer la recolección de las secreciones directamente en
el pulmón por broncoscopia.
TRATAMIENTO DE LA NEUMONÍA
Las
neumonías son divididas en comunitarias, cuando adquiridas en el día a
día, y hospitalarias, cuando surgen en pacientes hospitalizados. La
neumonía hospitalaria es más grave y más difícil de tratar, pues es
normalmente causada por bacterias más resistentes y acomete pacientes
más débiles.
El tratamiento de las neumonías bacterianas se
realiza con antibióticos durante al menos ocho días. Las neumonías
adquiridas en la comunidad pueden ser tratadas con antibióticos orales,
sin embargo, aquellas que evolucionan mal requieren hospitalización y
antibióticos intravenosos.
Los principales fármacos utilizados
para las neumonías adquiridas en la comunidad son amoxicilina con ácido
clavulánico, azitromicina, claritromicina, ceftriaxona, levofloxacino y
moxifloxacino. Signos de mejora son esperados a partir del segundo o
tercer día de tratamiento.
Las neumonías pueden llevar a la
sepsis y tienden a ser causas importantes de muerte en los pacientes
ancianos e inmunodeprimidos.
Ya existe vacuna contra la neumonía
estreptocócica, causada por el Streptococcus pneumoniae, el tipo más
común. Está indicada en niños y personas mayores de 50 años, pero no
evita la neumonía causada por otros gérmenes.
¿EXPONERSE AL FRÍO CAUSA NEUMONÍA?
La
historia del frío está muy difundida en la población, pero tiene
solamente una pequeña parcela de verdad. Como ya expliqué, para contraer
neumonía es necesario una infección bacteriana; no basta una corriente
de aire frío para infectarnos.
Lo que sucede es que en el frío el
sistema de defensa, principalmente los cilios de las vías aéreas,
funcionan de modo más lento, lo que favorece la invasión de gérmenes. En
el invierno las personas andan menos en la calle y tienden a
aglomerarse en lugares cerrados, favoreciendo la transmisión de virus
como el de la gripe. Como ya se ha mencionado, las infecciones
respiratorias virales son factores de riesgo, principalmente en
ancianos, para la aparición de neumonía.
Nadie contrae neumonía
porque abrió el refrigerador con el cuerpo mojado o porque tomó lluvia
al dejar el trabajo o la escuela. Afortunadamente, nuestro sistema
inmunológico es suficientemente fuerte para lidiar con situaciones
triviales como estas.
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