Beber alcohol en exceso provoca una borrachera que, en muchos casos,
suele ir acompañada por sensación de nauseas, malestar y vómitos.
¿Por qué el cuerpo reacciona así a una intoxicación etílica? Varios
estudios tienen la respuesta. El vómito puede provocarse con el objetivo
de encontrarse mejor, pero si no es así, el cuerpo trata de expulsar
esa cantidad excesiva de alcohol. Según un estudio de la Universidad de
Dallas, el alcohol en grandes cantidades actúa irritando el estómago y
provocando alteraciones en este.
Puede llegar a provocar gastritis, que es cuando irrita, inflama y
erosiona las paredes del estómago. Por este motivo, nuestro cuerpo
intenta 'proteger' de alguna manera al organismo contra ese 'veneno'.
Precisamente es el término 'veneno' el empleado por la Clínica Mayo para
referirse al alcohol cuando este se consume de manera excesiva, que se
traduce en cinco bebidas alcohólicas en dos horas para hombres y cuatro
para mujeres.
El alcohol ingerido puede permanecer días en el organismo. Se absorbe
rápidamente y, aunque el cuerpo trata de eliminar buena parte en el
menor tiempo posible, existe un porcentaje que permanece varios días.
Por este motivo, el vómito es una forma de minimizar esa ingestión
desmesurada de alcohol.
El vómito en sí es el último de una serie de efectos que una
borrachera provoca en el cuerpo, tal y como explican desde la Colorado
State University. La primera etapa es la náusea, que está vinculada a
una disminución de nuestra motilidad gástrica o las contracciones de los
músculos gástricos en el estómago y un aumento en el tono de la pared
del músculo en el intestino delgado. También es común en esta fase que
se produzca una peristalsis inversa en el intestino delgado. Tras las
náuseas llega una fase de erupciones secas, que son esencialmente
espasmos respiratorios.
La mayor parte del estómago se contrae y otras dos áreas, el fundus y
el cardia, se relajan.
Entonces es cuando el cuerpo trata de expulsar
los contenidos del intestino delgado hacia la boca. El diafragma se
contrae, lo que abre el esófago y el esfínter esofágico distal. Como el
diafragma hace un movimiento hacia abajo, los músculos se contraen y
aprietan el estómago, lo que crea presión para vomitar.
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